Comprender la guerra en Ucrania. Tercera parte
Jorge Jouroff
10.03.2022
En las dos notas anteriores se analizó el papel de Ucrania y el rol de Estados Unidos en el juego estratégico. En esta tercera nota analizaremos la posición de Rusia y las características de guerra, una guerra distinta, y que muestra una vez más el entrelazamiento de intereses, tanto económicos como políticos, y un nuevo tipo de guerra: la guerra irrestricta. También darle un marco más amplio, el de la disputa por la hegemonía intentando ver el tablero mundial y no sólo el teatro europeo.
Rusia
Rusia siempre fue una potencia continental. El triunfo de los bolcheviques, y sobre todo el triunfo en la segunda guerra mundial, le dan status de potencia mundial. Coadyuvan para ello dos hechos: los grandes logros en la construcción de la URSS y el cambio de escenario, que pasa de europeo a mundial. Sin embargo, el sistema de economía centralizada se agota: llega un momento que no puede competir con la economía capitalista, que ahora es mundial. La globalización obliga a una reformulación de los patrones de producción que la URSS, por razones estructurales y políticas, no se pueden sostener. Y decimos políticas porque no estaba escrito el hundimiento: en el siglo XX existieron dos grandes experimentos de construir economías autocentradas, que requirieron la concentración del poder político: China y Rusia. Por razones históricas también, China logró darse cuenta a tiempo de lo que implicaba la globalización y, con el control del Partido Comunista, impulsar una serie de reformas que la colocaron a la vanguardia de la mundialización. La historia siempre muestra sus ironías: quizás lo que comenzó como experimentos comunistas fracasó en esos objetivos, pero logró colocarlos como potencias, con un nivel que nunca hubieran alcanzado si hubieran seguido siendo colonias, como en el caso de China.
En el caso de la URSS, los primeros en dar la señal de alerta son los militares: el concepto de revolución en asuntos militares, en un primer momento, es soviético. Comprenden que están quedando atrasados y que eso se debe al atraso tecnológico con respecto a Occidente. En Rusia el poder estaba concentrado en el partido, sin embargo existían otros dos centros de poder: las Fuerzas armadas y, sobre todo, el servicio de inteligencia central, el KGB. Antes que Putin, Andropov fue integrante del KGB y nombrado secretario general. Los cambios en Rusia comienzan a producirse desde arriba: en efecto, Gorbachov es secretario general del PCUS cuando comienza la perestroika, en un proceso que se les termina yendo de las manos y termina con la disolución de la URSS y la conformación de repúblicas independientes. Aunque los norteamericanos no provocaron los cambios, estuvieron en permanente comunicación con Gorbachov, luego con Yelstin y Kravchuk, el presidente de la época de Ucrania, quienes, a su vez, trataban de ganarse el apoyo de los americanos para el proceso en medio de una crisis general. Y por supuesto, Soros, las corporaciones y las ONGs intentaron hacerse su agosto. Ese vacío termina cuando Putin accede al gobierno en Rusia: con el partido muy malherido y las fuerzas armadas en retirada luego de Afghanistán, sólo el viejo KGB y viejos hombres de estado estaban en condiciones de gobernar. Y eso es lo que Putin representa: el núcleo más fuerte de la élite rusa, nacionalista, que no estaba dispuesta a jugar en un segundo plano ni a permitir, como lo dijo claramente en un discurso, que se entrometieran en la conducción de Rusia; los asuntos de los rusos los van a resolver los rusos: "jamás permitiremos que nos gobiernen desde afuera". Esto no significa la vuelta atrás: se intenta desarrollar la economía integrándola al mundo, como los chinos, conservando el poder nacional. Y ése es el verdadero problema: el poder nacional ruso y la negativa a permitir la injerencia en los asuntos de gobierno. A los ojos de los americanos, esto se transforma en un desafío a su orden mundial, donde mantiene la hegemonía. Y lo mismo sucede con China, con el agravante que ésta ha logrado un desarrollo económico mayor y crea bases materiales para la disputa de la hegemonía. China despliega, además, una estrategia global: la ruta de la seda, una red intrincada de negocios y desarrollo de sectores que involucra varios continentes, los medios financieros y crediticios, y un plan de desarrollo de fuerza militar acorde. Los europeos, que sí conocen las guerras en su territorio, hacen negocios con Rusia, sobre todo Alemania y luego Francia. El gas ruso y el gasoducto, los movimientos de capital con los bancos alemanes, son ejemplos de ello. Juegan más a otorgarle un lugar a Rusia en la economía que a la disputa hegemónica, además que no disponen de medios para ello. Este es el escenario en que se produce la guerra con Ucrania. Corresponde, entonces, a ese nivel estratégico, analizar las posibles consecuencias.
La guerra irrestricta
Este es un concepto desarrollado por dos coroneles chinos y publicado en occidente en 1999. Su título en chino sería la guerra fuera de los límites de la guerra, traducido así casi textualmente al francés, y mucho más claro que como se lo conoce en español: guerra irrestricta. Intentan elaborar una teorización de las revoluciones en asuntos militares, y de la conducción militar, llegando al concepto: el mundo cambió, los estados emplean todo su poder para prevalecer, aparecen los actores no estatales tan poderosos como los propios estados, por tanto, lo que subyace, con nuevos actores, es la competencia por la hegemonía, tanto en tiempos de paz como en la guerra, que no es más que la utilización de medios militares para lograr el mismo fin. Como vemos, basan parte de su desarrollo en el pensamiento occidental, sobre todo Clausewitz, superándolo. Ese es el marco teórico que nos permite comprender mejor la situación actual.
Consideraciones del conflicto
Manteniéndonos en el nivel estratégico, cabría distinguir al menos cuatro frentes de batalla:
El frente militar: Rusia inicia la operación militar bien planificada contra Ucrania desde varios frentes, logrando, en unos días dos puntos importantes: uno, la destrucción de los aeródromos y el noventa por ciento de los aviones de combate, con lo cual le otorga el control del espacio aéreo y el dominio del aire y dos la destrucción de los centros de comando y control, con lo que impide la conducción central de las fuerzas armadas. Luego consolida la ocupación de las provincias de Dombass y cerca Kiev, sin tomarla hasta el momento. Esto abre una interrogante acerca las intenciones de Putin, de sí, una vez destruida la capacidad combativa de las fuerzas armadas ucranianas su objetivo es negociar y obtener las provincias y el reconocimiento de Crimea o continuar y ocupar Ucrania. Esta última posibilidad sería un error, ya que después debería gobernar y seguramente el apoyo exterior a la resistencia ucraniana la convertirían en un punto permanente de conflicto y desgaste, y ésta parece ser la apuesta de occidente. La primera es la más probable, ya que abiertamente llamó a los militares a ocupar el gobierno y terminar el conflicto. Además, presentó ya una serie de condiciones necesarias para lograr la paz; el reconocimiento de las provincias y la garantía para la no entrada en la OTAN de Ucrania. El gran problema es la internacionalización y que se convierta en un foco permanente.
Frente de las comunicaciones (Mediático): Nuestras fuentes de información son las agencias de noticias, sobre todo occidentales, donde se libra una enorme batalla por la opinión pública, y se trata de privar al oponente del acceso a ella.
Frente económico: Biden aclaró que no enviaría tropas, pero inició una serie de sanciones tendientes a aislar a Rusia del acceso a los mercados financieros occidentales. Estas medidas tienden también a hacer prevalecer el abastecimiento norteamericano a Europa, pero perjudican también a los europeos, de los cuales se escucharon voces de protesta por las medidas. El frente europeo no es homogéneo ni están todos de acuerdo con las medidas y Estados Unidos no puede solucionarlo. Dependerá del desarrollo de los acontecimientos militares y las posibles negociaciones de paz y el resultado final.
Frente de la ciberguerra: el menos conocido, pero no el menos importante. Afecta toda la red de comunicaciones e internet y tanto los rusos como los chinos están muy bien equipados para ello.
Las variaciones a nivel estratégico global
El escenario principal sigue siendo la disputa con China. Estados Unidos carece de una estrategia consolidada, como lo demuestra el cambio de rumbo con Trump y luego con Biden. Como vimos más arriba, Trump pretendía hacer concesiones a Rusia y aislarla de China, y ahora Biden transforma el escenario europeo, secundario en ese plan, en principal, aunque objetivamente no lo es. La otra consecuencia obvia es que obliga a Rusia a acercarse cada vez más a China, y posterga el enfrentamiento con ésta, pues notoriamente no puede mantener dos conflictos de esa envergadura a la vez. ¿Logra con ello consolidar su alianza con Europa y la OTAN? ¿Tiene la capacidad para hacerlo? Y, sobre todo, ¿tiene el frente interno lo suficientemente consolidado? Los partidarios de Trump critican abiertamente a Biden y su política de promesas, y están en condiciones de disputar las próximas elecciones. Estados Unidos es un país dividido. Mucho de esto dependerá de cómo se desarrolle el teatro europeo y de la confiabilidad de Estados Unidos como aliado.
Europa ha comprendido que sin poder militar creíble no es posible una política exterior propia. La primera consecuencia de ello es el rearme, sobre todo de Alemania (y de Japón en Asia). La segunda consecuencia va a ser el enlentecimiento o abandono de las políticas socialdemócratas, a menos que el presupuesto alcance para todo, cosa muy difícil. Los pedidos de ingreso a la OTAN suenan muy imponente, pero dados los tiempos necesarios y el nivel de adiestramiento conjunto, no parece posible en el corto plazo. ¿Estarán de acuerdo los europeos en ser teatro de guerra nuevamente o buscarán la forma de solucionar su relación con Rusia y no seguir subordinados a los norteamericanos? ¿Tienen el margen necesario, y el liderazgo para ello?. En cuanto a la Unión europea, los problemas son similares; el ingreso de nuevos países requiere un tiempo largo, una homogenización de las políticas económicas y una capacidad financiera que no parece posible en este momento.
China apoya moderadamente a Rusia y espera poder continuar con su estrategia: la ruta de la seda, mientras continúa su ambicioso plan de modernización militar, poseer, para 2035-40 unas fuerzas armadas con capacidades superiores a Estados Unidos. Tiene un liderazgo consolidado y la determinación suficiente, así como la prudencia, para continuar esa ruta. Ya anunció la posibilidad de comprar el gas que Rusia no pueda colocar en Europa, para sus propios desarrollos en el norte, lo que consolidaría más la alianza. En el resto de la región Indopacífico, India e Irán también esperan ver el desenlace del conflicto. No se alinearon automáticamente con Estados Unidos.
Notoriamente las Naciones Unidas no han estado a la altura de las circunstancias. Ello es lógico, pues todo el sistema de gobernanza a nivel mundial depende del equilibrio de poderes, y el equilibrio nacido luego de la segunda guerra mundial y con predominio estadounidense está hoy en cuestión. Hasta que ello no se resuelva, difícilmente pueda tener un papel relevante.
Para finalizar, se puede anticipar que éste es un primer acontecimiento de varios que vendrán, pues el teatro europeo no resolverá, sea cual sea el resultado de este conflicto, la disputa hegemónica. Si influirá, según el resultado, de una forma u otra en las alianzas y la situación interna de los países. En realidad, para saber quién gana o pierde en este conflicto, es necesario observar el panorama global, teniendo en cuenta que una victoria táctica no significa una victoria estratégica. Continuará, bajo una u otra forma, a veces pacífica, a veces militar, a veces económica, hasta que la disputa hegemónica esté en condiciones de resolverse acorde a los desafíos (y los límites) que plantea esta etapa de la globalización.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias