El documento que firmaron 800 mil y leyeron unos pocos
Magela Misurraco
29.07.2021
Los datos no son nuevos, pero sí precisos y alarmantes. Sólo un 28% de los internautas lee las palabras escritas y descarta la lectura si el texto no está acompañado de, al menos, una imagen. ¿Cómo será la lectura en medios no electrónicos?.
Esos datos surgieron de una investigación que realizó la consultora internacional Nielsen.
El estudio reveló que 25 segundos es el tiempo que el internauta dedica a "leer" una página web, luego se reserva 4, 4 segundos por cada 100 palabras adicionales.
En suma: de una página web (corporativa o portal de noticias), el internauta sólo "consume" un 28% de la información; el contenido. El resto lo dedica a las imágenes y otros componentes de diseño gráfico.
Es altamente probable que usted no concluya esta lectura.
La información tiene más posibilidades de ser leída si está ilustrada con fotografías, gráficos simples o pictogramas.
Se lee poco, se lee menos y se lee superficialmente. Hasta los diarios, que suben sus ediciones a Internet, indican el tiempo de lectura (1 ó 2 minutos, no más), como para no desalentar al internauta y que descarte la nota.
Según el último estudio del Perfil del Internauta Uruguayo que, desde hace años, realiza la consultora Radar, los uruguayos pasan un promedio de 6 horas navegando, si son adultos, y 9 si tienen de 30 años para abajo. Ademas, un tercio de los menores de 5 años uruguayos ya es internauta.
La mayor parte de ese tiempo de presencia en Internet, se destina a las redes, según la última edición del Perfil del Internauta Uruguayo.
Con esta información, no estaría dando el tiempo físico para que los uruguayos se dediquen a la lectura tradicional. Sean piezas literarias de ficción o algún texto técnico.
¿Aonde hay que firmar?
Ante el panorama reseñado es, técnicamente, imposible que los 800 mil uruguayos que firmaron a favor del referéndum para derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) los hayan leído.
Es imposible, siquiera, que hayan hecho contacto visual con el texto original de la ley.
Es poco probable que un 10% de los firmantes haya leído.
¿Cuántas personas tomaron conocimiento de los 135 artículos, los leyeron y se formaron opinión? ¿Habrán llegado a 1.000 personas?
Del escaso número que pudo haber leído, dejando de lado legisladores, dirigentes políticos y sindicales que, es de suponer que leyeron y comprendieron los artículos, gran parte de la minoría de ciudadanos de base leyó superficial y rápidamente, lo cual debilitó la comprensión.
Hay que agregar que se trata de un documento voluminoso, con solo palabras escritas y sin imágenes ilustrativas.
Hasta los propios impulsores del referéndum, leyeron superficialmente el texto a firmar, antes de ser llevado a imprenta. Se tipeó mal el número de la ley. La que salió impresa no era la que se proponía derogar, sino la del Tratado de extradición a Francia. El "error" se tomó como un error de imprenta, pero las imprentas no cometen errores, sino quienes redactan. Vamos a lo mismo. Nadie se tomó el trabajo de leer el texto para revisar y que llegara a imprenta en forma.
La variable tiempo en la cultura de la prisa tiene tanta incidencia en la lectura que resulta paradojal que los impulsores del referéndum cuestionaran, además de los 135 artículos de la ley, el carácter "urgente" de la misma y que con suma urgencia salieran a recolectar firmas en la recta final y superaran las previstas. Todo ese esfuerzo maratónico y veloz para debatir sin la urgencia tan criticada.
Más razones para afirmar que fue más lo que se escuchó, la fuerza de la consigna "No a la LUC", las imágenes del spot que se emitió el 27 de junio haciendo un paralelismo entre el golpe de Estado de 1973 y las consecuencias de la LUC, que lo que se leyó.
Tener en cuenta: no más de 2 minutos se trata de retener a un lector, 25 segundos es el tiempo que dedica a leer ¿cuánto tiempo hay que destinar para leer una ley, o 135 de sus artículos?
Más allá de lo político
Las conclusiones de la investigación de Nielsen y las del Perfil del Internauta de Radar, son alarmantes.
Más allá de lo político y sus connotaciones, la lectura - entre muchos beneficios- es lo que permite el acceso al conocimiento y el conocimiento otorga libertad, permite tomar decisiones con criterio propio sin la influencia de terceros o de la publicidad y la propaganda política.
A través de la lectura el individuo forma su opinión, es menos influenciable, más curioso y propenso a la duda.
Se esté a favor o en contra, muchos ciudadanos, bajo el signo de este siglo de pereza intelectual y prisa, tomaron una decisión sin ejercer su libertad. Firmar no fue un producto de su conciencia cívica, sino de la influencia de la propaganda y de los militantes que se pusieron la campaña de recolección de firmas al hombro sin tiempo para exponer y contrastar argumentos.
Todo puede suceder ante una sociedad compuesta por adultos infantilizados que intercambian emoticones e ilustraciones con un diseño adecuado para la primera infancia sin tener en cuenta cuán oportunos pueden ser para el receptor de esos mensajes.
Si leer más de diez líneas de texto, a un adulto medio, le resulta abrumador y es incapaz de leerlas si no se las presentan con imágenes que sirvan de anclaje a las palabras y atraigan su interés, la conclusión se infiere con facilidad.
A su vez, las imágenes vienen interpretadas, bien con una leyenda al pie, o con señalizaciones como círculos y flechas que le indiquen dónde tiene que enfocar la atención.
Llegados a este nivel de retroceso, tendremos ciudadanos influenciables y acríticos, a través de herramientas muy básicas de persuasión, cuya toma decisiones responderá a acciones publicitarias o propagandísticas rudimentarias y con recursos retóricos primitivos.
Es un retorno a las primeras formulaciones de la Teoría de la Comunicación, surgidas luego del impacto y la credibilidad que los medios masivos, como la prensa y la radio, ejercieron en las masas.
Públicos cándidos e incautos que tomaban como palabra santa "lo que dijo la radio", mientras se manipulaban las bajas en los frentes de batalla y la prensa escrita les trucaba las fotografías y escribía al pie de la imagen lo que interesaba comunicar.
Magela Misurraco es Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Opción publicidad y Relaciones Institucionales por la Universidad de la República. Ex docente de Universidad ORT Uruguay, Instituto de Marketing del Uruguay (IMUR), en Instituto Artigas del Servicio Exterior (MRREE). Asesora de empresas en Comunicación Interna y Externa. Investigadora.
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