La caja -blanca- de Pandora. Fernando Gil Díaz

14.03.2025

Si los hechos de corrupción de la pasada administración multicolor no alcanzaban para muestra, las administraciones blancas que gobiernan la mayoría de las circunscripciones territoriales del interior del país, confirman en su gestión, lo que parece un "modus operandi" que empieza a perder pie.

La reciente formalización del exintendente y candidato Guillermo Besozzi de Soriano, es la triste comprobación de una forma clientelar de ejercer el poder público que campea a lo largo de las administraciones multiocolores (mayoría blancas). Todo indica que, finalmente, al señor feudal de Soriano le llegó la hora de rendir cuentas ante la justicia...

Los nacionalistas están afectados de una suerte de patología que los aísla o saca de ambiente cuando ocurren este tipo de episodios que involucra a alguno de sus correligionarios con altos cargos de responsabilidad. Están aquellos que solo "pasan a saludar", para intentar eludir la cuota de protagonismo que le cabe en los episodios por los que convocó a los saludados (Lacalle Pou); y están los otros que "no tienen la menor idea" y apelan a la sorpresa que les provoca "enterarse" de semejantes situaciones, (Martín Lema). Uno y otro militan bajo el lema común de "los defensores de las leyes"(¿?)

Claro que aún así, son capaces de legitimar -en las urnas- sus excesos, con el respaldo de una ciudadanía rehén de su forma de gobernar, y que deviene en cómplice al legitimarlos con su voto en el lugar desde donde gobiernan con total impunidad. Cómplices y/ó rehenes de una forma de hacer política que los somete a su arbitrio a riesgo de quedar excluidos de por vida y condenados al desempleo departamental.

Así las cosas, los gobiernos departamentales son un feudo que actúa con la impunidad que da el poder político y económico de una circunscripción territorial dependiente -en gran medida- de los recursos públicos que manejan los intendentes. Es mucho, demasiado, el poder que ostentan y con el cual imponen un estilo clientelar de conducción que marca el rumbo y las costumbres en la comarca.

Pasantías y demás

Si el caso Moreira en Colonia con sus elevados comentarios sobre la discrecional forma de asignar pasantías a cambio de favores sexuales no impidió su candidatura y posterior consagración como Intendente, es dable pensar que en el interior existe una peculiar escala de valores que no se condice con el que inspira el más común de los sentidos.

Pero si la conducta moral de un candidato no es motivo para su desafectación política, porque ahí actúa la hipocresía de una sociedad que no lo juzga y admite esos excesos, la cosa cambia cuando ya no es la sociedad sino la justicia la que se encarga de calificar los actos públicos de una autoridad -también- pública.

Tal parece ser el caso del exintendente Besozzi, que fue formalizado en forma exprés a partir de un caso que fue desenredando una madeja de corrupción que no es patrimonio exclusivo de Soriano, conste.

Seguramente, muchos otros intendentes estarán muy nerviosos por estas horas, porque son conscientes que practican las mismas formas en el ejercicio del poder, donde los recursos públicos departamentales son utilizados para obtener el favor político del voto y así seguir fungiendo el poder en sus departamentos.

Puro interés electoral

Hace mucho tiempo que venimos asistiendo a esta suerte de feudalismo político que campea en el interior del país, y marca las enormes diferencias entre una elección nacional y una departamental. En las primeras, la ciudadanía se maneja con mayores libertades para elegir el destino del país, en cambio, en las departamentales son rehenes de una situación peculiar que radica en el manejo del poder que hacen los intendentes, al punto que los condiciona al emitir el voto.

Hemos asistido -en la campaña electoral pasada- a escuchar relatos de vecinos que por tener una bandera frenteamplista en su jardín fueron excluidos de un servicio municipal que sí le daban al vecino de puerta manifiestamente blanco.

Por algo se niegan a que los ingresos a los gobiernos departamentales sean por concurso o sorteo de forma obligatoria, pues eso les quitaría la poderosa herramienta discrecional de llenar puestos a dedo con sus correligionarios o punteros. Esa forma de perpetuarse en el poder tiene que terminar, la democracia debe dar la máxima transparencia para que quien surja electo en las urnas sea -realmente- por un voto popular libre y no por uno que está condicionado por unas chapas, materiales, cargos u otro tipo de prebendas clientelísticas.

El caso Besozzi es la punta de una madeja que comprende a muchas otras administraciones departamentales, donde la práctica de ofrecer cargos y/o materiales a cambio del voto es comúnmente aceptada. Una práctica que termina -inevitablemente- en hechos de corrupción como los que involucran hoy al exintendente y candidato blanco de Soriano, Guillermo Besozzi.

Por supuesto que la formalización no implica -aún- una condena, pero el río suena y lo hizo tan fuerte que la Fiscalía no vaciló en tomar rápidamente los recaudos para garantizar que se pueda conocer la verdad de un turbio manejo de los recursos públicos del departamento de Soriano.

Son muchas, demasiadas, las situaciones que ha tenido como protagonista a algún blanco y eso nos lleva a pensar que son una verdadera caja de Pandora, de la que no conocemos aún todas las plagas que restan conocer.

Esperamos que la esperanza, que fue la última en salir, haga lo suyo y devuelva el rumbo perdido a los defensores de las leyes.


el hombre cerraba la casilla

el perro ladraba por una hendija..

Fernando Gil Díaz
2025-03-14T10:52:00

Fernando Gil Díaz