La luz, Gabriel, la luz. Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)

05.04.2025

Y yo ahora, y mientras escribo, reclamo también la luz, toda la luz, para José Gabriel Barrenechea que está preso, quizá en una celda oscura.

 

Hace solo unos meses, exactamente el 12 de noviembre de 2024, publiqué un texto en cubanet, al que distinguí con el título: "Jesús Menéndez y los hermanos Santamaría protestan en Encrucijada"; con ese texto pretendí hacer notar las pacíficas protestas con las que un nutrido grupo de encrucijadenses reclamara la devolución de la luz que habían perdido, y que no era, precisamente, aquella luz que Aristóteles, veía venir desde lo alto haciendo que nos llegaran sus colores.

La luz que entonces reclamaron mis coterráneos no era esa que, saliendo del cielo, viene hasta este suelo que habitamos. Ellos no reclamaron la luz que viene de lo más alto, esa que hace llegar los colores a la oscuridad. Mis paisanos tampoco reclamaban la luz del entendimiento que ocupa a los filósofos. Mis coterráneos demandaban la luz eléctrica, esa que hace que giren las aspas del ventilador que sofoca el calor y que espanta los mosquitos que mortifican tanto en estas tierras cálidas y comunistas.

Mis paisanos solo querían, al menos esa vez, la devolución de la electricidad que echa a andar los refrigeradores, la misma que conserva los tan escasos y caros alimentos que conseguimos a "sangre y fuego". Ellos reclamaron la luz, esa luz de simple apariencia y no por eso  menos esencial.

 Ellos reclamaron la luz que hace andar los ventiladores y espanta a los mosquitos y a otras alimañas. Ellos reclamaron esas bondades que conocemos desde que Thomas Edison, en 1879, la descubriera, haciendo que la vida se hiciera un poquito más relajada y cariñosa; y con ventiladores y aires acondicionados, con refrigeradores, con lavadoras, con televisión, con todas esas ternuras que ella nos propicia, y que mucho agradecemos los humanos.

Mis coterráneos, allá en Encrucijada, en el centro de la isla,  hicieron reverencias a la luz, exigieron la luz, después que transcurrieran más de sesenta años de esa cosa a la que llaman revolución cubana y que parece no existir para nosotros mientras ellos la tienen a montón. Mis coterráneos exigieron la luz y yo imaginé entonces a los hermanos Santamaría y a Jesús Menéndez en aquella movilización popular que no fuera convocada, como únicamente es posible en esta isla, por los mandamases comunistas.

Yo escribí por los más afectados, y lo hice pensando en Jesús Menéndez y los hermanos Santamaría apostados frente a ese edificio desde el que los jefes ejercen sus poderes municipales. Yo quise verlos a ellos y suponer sus reacciones, y hasta me pregunté si aquel asalto a un cuartel en Santiago de Cuba y el ascenso a la sierra, se hicieron para apagar la luz con tanta impunidad.

Y ahora, unos meses después de aquellos reclamos encrucijadenses, me encontré con otros apellidos y con grandes osadías, con intrepideces renovadas que exigieron, no a los circuitos eléctricos, ni siquiera a quienes los hacían funcionar. Unos meses después he sumado un nuevo nombre, otro apellido a la valentía del pueblo que me vio nacer. Encrucijada tiene ahora mismo a un hijo preso que no es Santamaría, que no es Menéndez. Encrucijada tiene preso a un hijo que exhibe el apellido es Barrenechea.

Y Barrenechea es un apellido vasco de gran predicamento en el pueblo de Jesús Menéndez y de los Santamaría. Barrenechea es un apellido de gente buena e instruida que dio al pueblo una estela de maestras de gran consagración; cristianos bondadosos que han echado raíces en ese espacio en el que también nació José Gabriel, ese que está preso por unirse a quienes reclamaran la luz, esa luz tan luz como la de aquellos versos que escribiera el poeta Sigfredo Ariel hace ya unos cuantos años.

"La luz, bróder, la luz", escribió, reclamó, Sigfredo Ariel hace ya tiempo, en ese poema tremendo que se convirtió en un signo, en un símbolo de mi generación. Y yo ahora, y mientras escribo, reclamo también toda la luz, para José Gabriel Barrenechea que está preso, quizá en una celda oscura. Para Gabriel reclamo yo la luz a la manera del poeta Sigfredo Ariel: "La luz, Gabriel, la luz", la luz de la libertad que te quitaron.

Publicado en Cubanet, el 4 de abril de 2025

Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.

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2025-04-05T05:32:00

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