Rescatemos a los niños. Graciela Barrera

01.04.2025

Las infancias uruguayas están en la mira desde hace un tiempo, víctimas inocentes que sufren las consecuencias de los mayores y son tomados como botín de guerra. Una guerra que no eligieron, pero a la que están condicionados muchas veces por los entornos en los que viven. Son el futuro decimos, pero su presente está bajo riesgo vital. El momento de actuar es ahora...

Son varios los tipos de violencia que afectan a la minoridad, ese período de nuestras vidas en que se forjan los principales valores de nuestra personalidad. Es imperioso actuar para asegurar que ese ciclo se nutra de valores positivos que garanticen el pleno goce de sus derechos, porque solo así haremos posible el Uruguay del futuro.

¿Qué adultez tendrá quien se críe en medio de unos entornos violentos? Siempre y cuando logre alcanzar la adultez, porque en esos contextos su integridad física está bajo peligro constante por situaciones que ellos no promovieron. Situaciones que terminan naturalizándose como única alternativa posible para sobrevivir y que se revelan descarnadamente en testimonios de maestro/as de muchas escuelas que desnudan la realidad de algunos barrios de nuestro país. Porque ya no es solo una cuestión capitalina, ni siquiera metropolitana.

Recientes informes de los periodistas Emanuel Bremermann y Tomer Urwicz publicados en El Observador, dan cuenta de la escalofriante situación de la minoridad siendo víctima de la violencia instalada desde hace décadas en el país. Una violencia que sufrió un terrible y notorio incremento en el último quinquenio, merced a la retirada del Estado, que, fruto de recortes presupuestales, abandonó programas que daban contención y respuesta a una necesidad social de esos entornos.

Ese abandono estatal ha dejado en estado de indefensión a los más pobres, esos que pujan por ser escuchados y/o reconocidos y a los que capta rápidamente el crimen "desorganizado" que puja por ganar territorios y hacerse dueños de la vida de la gente a fuerza de miedo y plomo, instrumentos principales de su desorganización. 

Ya no se trata de una violencia vicaria exclusivamente, que la sigue habiendo desgraciadamente, sino -además- de una violencia extremadamente cruenta que no vacila en cobrar vidas a cambio de imponer su dominio. Ganan terreno en base al miedo que imparten y así toman a los niños como rehenes sin medir consecuencias, al punto de vulnerar los viejos códigos que ya no son frontera alguna para evitar el daño.

En ese panorama de crueldad la infancia es un objetivo cierto que nos impone la urgencia de tomar medidas que pongan un freno y permitan el inicio de un ciclo que revierta esos procesos. Y no hay otro instrumento que no sea el Estado para hacerlo.

Tan solo cinco años bastaron para demostrar que sacando al Estado no se solucionan problemas de ese tipo, porque el mercado no los soluciona. El mercado que allí se impuso es el ilegal y para combatirlo hay que propiciar un derrame de ciudadanía. Solamente, un profundo y combinado proceso de políticas públicas que se traduzcan en más y mejores servicios, podrá revertir y desalojar a los grupos "desorganizados" que, a fuerza de caos y miedo, han provocado estas violencias.

De nuevo surge el recuerdo de Jorge Melguiso, y la experiencia de la ciudad de Medellín, Colombia, donde se logró un cambio significativo bajando los niveles de violencia a fuerza de más convivencia, con servicios públicos de calidad y espacios donde la ciudadanía se hizo fuerte desplazando a los grupos criminales que dominaban los barrios más problemáticos de aquella ciudad.

El caso uruguayo

No es cerrando CAIF's o recortando programas como el SOCAT,  la manera de lograr buenos resultados. Por el contrario, eso nos trajo aparejado la ausencia del Estado en los lugares donde más se lo precisaba y las consecuencias no se hicieron esperar siendo de las más trágicas.

Es hora ya de cambiar de rumbo y apelar a una fuerte interinstitucionalidad para complementar los servicios administrando correctamente los escasos recursos que tenemos y volcar los mayores esfuerzos en esos bolsones de país donde todavía crecen niños bajo amenazas y miedos.

Es la presencia del Estado la que podrá garantizar el pleno goce de los derechos de todos y todas sin exclusiones. Un Estado con sus instituciones fuertes y plenamente reconocidas por la sociedad. Un Estado presente y eficiente, que no deje a nadie sin dar cobertura. Un Estado que respalde a su gente para que pueda vivir en paz. Un Estado que proteja a sus niños, piedras fundamentales de toda sociedad.

Es hora de asumir el compromiso y que cada quien ponga de su parte; al fin de cuentas, el Estado somos nosotros mismos, y si de nosotros depende entonces, no podemos fallar.

En tal sentido sé que vamos a dar respuestas porque formo parte de un gobierno que tiene sus sensibilidades en alerta y dispuestas a actuar en la atención de nuestras infancias.

Los niños esperan ser rescatados para vivir su  infancia plena, como debe ser.

 

Graciela Barrera. Diputada MPP - Espacio 609 - Frente Amplio

Columnistas
2025-04-01T11:21:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias