Rosa de nadie. Esteban Valenti

27.02.2025

No debemos olvidar, empero, que no se hace la historia sin grandeza de espíritu, sin una elevada moral, sin gestos nobles. Rosa Luxemburgo

Confieso que soy un iluso, pensar, soñar que muchas personas, incluso restringido solo a los militantes de izquierda, que en el año 2025, cuando en Uruguay la izquierda comienza gobernar nuevamente, "perderemos" un instante, para leer algo sobre Rosa Luxemburgo, una mujer judía nacida en Polonia en 1871 y brutalmente asesinada en Alemania en 1919 a los 50 años. Para la derecha sería volver al sigo XIX y para una parte importante de la izquierda, es perder el tiempo.

Un detalle importante Rosa fue asesinada por los "Freikorps" o 'cuerpos libres' (grupos de paramilitares reclutados por el Gobierno entre los combatientes recién desmovilizados de la Primera Guerra Mundial), en colaboración con el sector mayoritario del partido socialdemócrata entonces en el poder en Alemania. Esto para ver lo complejo de su vida y de su muerte.

Lenin el líder de los comunistas rusos y soviéticos la llamó "Águila revolucionaria" y yo creo que fue la líder revolucionaria que mantuvo las posiciones más polémicas, con contenidos más profundos y con previsiones más acertadas con los bolcheviques soviéticos y con el propio Lenin. Con Stalin no, porque murió antes de que este accediera al poder supremo en la URSS, aunque no se necesita mucha imaginación para comprender hasta donde llegarían sus opiniones sobre Stalin y su ejercicio del poder.

Por su lado en 1931, en una ya famosa carta a la redacción de la revista La revolución proletaria, José Stalin se pronunciaba contra el patrimonio teórico de Rosa Luxemburgo: durante 20 años, este úkase impidió la publicación de sus escritos, de sus libros y de su correspondencia. Era la segunda sentencia de muerte. Este es uno de los principales galardones de Luxemburgo.

Rosa escribió : "la libertad es siempre la libertad del que piensa diferente" y otra frase fue "Quien desee el fortalecimiento de la democracia, debe también desear el fortalecimiento, y no el debilitamiento, del movimiento socialista. Quien renuncia a la lucha por el socialismo, renuncia también a la movilización obrera y a la democracia". Esto sirve para tratar con contexto un tema clave, la libertad.

Para ser coherente, reproduzco otra frase de Luxemburgo "No es cuestión de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fortaleza para actuar, la voluntad de poder de los socialistas. En esto, Lenin y Trotsky y sus amigos fueron los primeros, aquellos que fueron adelante como un ejemplo para el proletariado del mundo; ellos son aún los únicos hasta ahora que pueden gritar...: '¡Me he atrevido!'".

Rosa Luxemburgo fue, sin dudas, una de las grandes figuras revolucionaria de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Unía su profunda inteligencia a su capacidad de impulsar la acción obrera y popular. En ese marco, cometió también errores teóricos y políticos.

El error clave, por su costo y su incidencia negativa sobre el proceso revolucionario alemán que se inició en noviembre de 1918 (al punto de costarle su propia vida y la de Karl Liebknecht): fue su visión espontaneísta y movimientista de la relación entre la movilización popular y  la revolución socialista.

A Rosa Luxemburgo y a Karl Libeknecht no les faltaba convicción revolucionaria ni determinación estratégica. Pero en vez de haber construido a lo largo de años un partido, una organización por su peso en la sociedad y su capacidad de medir el estado de ánimo de las mayorías populares, y tratar de forjar un bloque político y social para la revolución, se concentró en organizar la Liga Espartaquista (LE) con algunos miles de cuadros para luchar contra la traición socialdemócrata, que incluso llegó al poder de la república luego de la caída de la monarquía y fue responsable de la más dura represión.

El lanzamiento de la insurrección de enero de 1919 fue un grave error de percepción de las condiciones y posibilidades y de las capacidades de la LE de encabezar una guerra civil victoriosa.

Está fue la despedida de Lenin: "Las águilas pueden a veces volar más bajo que las gallinas. Pero las gallinas nunca pueden elevarse a la altura de las águilas. Rosa Luxemburgo estuvo equivocada sobre la cuestión de la independencia de Polonia; estuvo equivocada en 1903 en su aproximación con el menchevismo y sobre la teoría de la acumulación del capital; estuvo equivocada en julio de 1914 cuando, junto con Plekhanov, Vandervelde, Kautsky y otros, defendió la unidad entre bolcheviques y mencheviques; estuvo equivocada en lo que escribió en la prisión en 1918 [NdE sobre la disolución de la Asamblea Constituyente en Rusia] (corrigió su error al final de ese año e inicios del siguiente después de ser liberada). Pero, a pesar de sus errores, ella fue (y lo seguirá siendo para nosotros) un águila. Y los comunistas de todo el mundo no solo valoramos su memoria sino que su biografía y sus obras completas (...) servirán como un útil manual de entrenamiento de muchas generaciones de comunistas de todo el mundo."

"La revolución no es un camino sin tropiezos; es preciso examinar y aprender de cada error para avanzar hacia la emancipación."

"Lo peligroso comienza cuando tratan de hacer de necesidad virtud y de consolidar teóricamente y proponer al proletariado internacional como modelo de táctica socialista, digna de imitación, esa táctica que a ellos les fue impuesta bajo condiciones tan desdichadas." (RL)

La historia reciente muestra como el derrumbe de la URSS y el socialismo real representó una caída en dominó de los partidos comunistas, incluso los que mantenían diferencias con el PCUS.

Sobre la autocrítica como herramienta revolucionaria:

"El verdadero revolucionario no teme la autocrítica, pues sólo reconociendo nuestras limitaciones podemos forjar un camino más justo y verdadero."

"No pretendo que mis ideas sean infalibles; la transformación social exige que estemos dispuestos a revisar y corregir constantemente nuestros propios planteamientos."

Por su parte Lenin escribió: "El error es una parte inevitable del camino revolucionario; reconocerlo y corregirlo es indispensable para no desviarnos de la verdad histórica."

Una pregunta muy incómoda, ¿Mencionen autocríticas específicas en toda la obra de Lenin, donde reconozca que se equivocó? En 52 tomos.

¿Sirve para algo, leer, enterarse, en definitiva estudiar temas y personajes históricos, cuando el mundo ha cambiado radicalmente y nos obliga a buscar respuestas a los nuevos problemas actuales y cotidianos y cambios radicales en el propio sistema capitalista?

La mayor derrota ante la derecha, ante las fuerzas de la conservación del capitalismo y sus injusticias, es el repliegue ideológico y cultural de la izquierda para entender el proceso del cambio necesario, pero no determinista, del mundo. Luchar por objetivos estratégicos cada día más difusos y renunciar a nuestra propia historia.

La historia al día y a la carta, es totalmente funcional a la derecha y ahora a la ultra derecha.

Peor aún es renunciar explícitamente o implícitamente a todo objetivo revolucionario, basta leer la actual literatura de la mayoría abrumadora de las fuerzas de izquierda del mundo, incluyendo en el Uruguay.

No se trata nunca - porque es renunciar al pensamiento crítico incluyendo sobre nuestro pasado - de tratar de repetir con frases hechas, con pataleos voluntaristas, con la renuncia a toda construcción ideológica renovada en serio y en permanente renovación a que este mundo no es obligatoriamente el último e inexorable estadio de la civilización humana, ni creer que las contradicciones del capitalismo por sí mismo determinarán su caída. Cualquiera de los dos fatalismos es anti histórico.

Si las mujeres y los hombres se hacen conscientes no solo de las profundas injusticias del sistema actual, la acumulación escandalosa de la riqueza en cada vez menos manos y los miles de millones de seres que viven en condiciones terribles y no aceptan la visión parcial y edulcorada que han construido los dueños del poder global, habremos avanzado mucho y ese debe ser un centro de la batalla cultural, política e ideológica. Que no se puede librar con frases, con ideas inamovibles y con métodos de siglos pasados. Debe librarse con la inteligencia, con contenidos, con los medios tecnológicos actuales y los que surjan y, con organizaciones políticas a la altura. La UNIDAD DE LAS FUERZAS DE ALTERNATIVA, CON SUS DIFERENCIAS, ES CLAVE EN TODO SENTIDO, INCLUYENDO LA VALORACIÓN DE LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD COMO BANDERAS CENTRALES PARA LA IZQUIERDA.

Pero debe quedar claro que hace un siglo y medio la lucha contra este sistema, tenía un programa, tenía la audacia de afrontar los grandes temas de la propiedad de los medios de producción y el cambio, las relaciones de explotación, el papel de las clases en un nuevo mundo y aunque se equivocaron con un determinismo materialista, incluir la forja de las nuevas ideas, la nueva moral, las nuevas sensibilidades. Y se atrevieron a luchar por el poder, a conquistarlo y a perderlo.

Para derrotar un futuro lleno de contradicciones, de avances y retrocesos simultáneos, de empobrecimiento cultural y humanista, de guerras explotando en diversas partes del mundo de forma creciente, con cientos de millones de refugiados y al surgimiento nuevamente de las fuerzas de fanatismo de ultra derecha, no alcanza con la denuncia, con las importantes conquistas parciales, con la producción espiritual y cultural, hace falta disputar realmente el poder a nivel nacional y global. Volver a ponerse en marcha mirando lejos, sin pisarse los cordones de los zapatos. Volver a ser ambiciosos como nunca, críticos como nunca debimos dejar de serlo, audaces en la lucha política, en la unidad del amplio espectro que puede cambiar el mundo, renunciando a las vanguardias iluminadas.

Analizado en forma crítica ese es el mejor legado de Rosa Luxemburgo, su profunda capacidad de reconocer sus errores y de mantener sus objetivos revolucionarios, que son diferentes en esta nueva era.

Por ello Rosa no es de nadie, porque la lucha contra el sistema y por un nuevo mundo tampoco es de nadie, como lo fue en el pasado, en uno de los peores errores cometidos.

NR. Incluimos una serie de cartas de amor de Rosa Luxemburgo, sin ellas estaríamos ocultando un aspecto fundamental como ser humano.

 

Paris, 5 de abril de 1894

Aquí estoy, en casa, sentada a mi mesa y obligándome a trabajar en la proclama. ¡Querido mío! ¡No tengo ganas! La cabeza me duele y me pesa, ese ruido, ese rodar horrible en la calle, esta pieza abominable... ¡Quiero estar contigo, no puedo más! Piensa, todavía dos semanas por lo menos, porque este domingo no puedo preparar la conferencia a causa de la proclama; debo entonces esperar hasta el domingo siguiente. Luego, la conferencia rusa y, más tarde, la visita a lo de Lavrov.

Querido, ¿cuándo terminará esto? Empiezo a perder la paciencia, no se trata del trabajo, sino únicamente de ti. ¿Por qué no has venido aquí, a reunirte conmigo? Si te tuviera conmigo, ningún trabajo me daría miedo. Hoy, en lo de Adolfo, en medio de la conversación y de los preparativos de la proclama, de golpe sentí en mi alma tal fatiga y tal nostalgia de ti que casi grité en voz alta. Tengo miedo de que el antiguo demonio (el de Ginebra y Berna) salte de pronto en mi corazón y me conduzca a la estación del Este.

Para consolarme, imagino el momento en que la locomotora silbará, en que diré adiós a Jadzia y a Adolfo, en que, al fin, el tren se mueva, el momento en que iré a reunirme contigo. ¡Ah, Dios mío, me parece que toda la cadena de los Alpes se extiende entre ese instante y yo!

¡Querido! ¡Cuando esté cerca de Zurich, cuando tú me esperes, cuando descienda, por fin, del vagón y corra hacia la salida, estarás en la puerta, en medio del bullicio, y no tendrás el derecho de acudir hacia mí, pero yo volaré hasta ti!

Pero no nos besaremos tan pronto, ni nada, porque eso lo estropearía todo, no expresaría nada, pero nada. Solamente nos apuraremos a volver a casa, y nos miraremos, y nos sonreiremos. En casa nos sentaremos en el sofá, y nos apretaremos el uno contra el otro, y me fundiré en lágrimas como en este momento.

¡Querido! ¡Ya tengo bastante; quiero que esto termine lo antes posible! ¡Mi amor, no puedo más! Por desgracia, temiendo una pesquisa, he destruido tus cartas y ya no tengo nada con que consolarme.

¡Si supieras cómo escribes en polaco! ¡Espera que tu mujer te gruña, ya verás! Seguramente estarás enojado, en toda tu carta no hay una sola palabra sobre "los asuntos".

Para consolarte, agregaré algunas palabras sobre "los asuntos". Tu proclama me gusta mucho, con excepción de algunas pequeñas expresiones. Si ese delator verdaderamente está en Zurich, intenta verlo; extirparle ese maldito número de La causa obrera es muy fácil.

¿Es que Wladyslaw Henrich no avisará telegráficamente los resultados?

Viernes. Recibí dinero, los libros y las cartas. Trabajo en la proclama. Vela por ti y escribe.

Envíame las tarifas del Ateneum (mensuario de literatura de Varsovia) y los recortes que tenía Janek Bielecki.

 

R.

 

Suiza, 16 de julio de 1897

No puedo trabajar. Mi pensamiento se vuelve hacia ti constantemente. Es necesario que te escriba unas líneas. Querido mío, mi amado, en este momento no estás aquí, cerca de mí, pero toda mi alma está llena de ti, te abraza. Te parecerá extraño seguramente, hasta ridículo quizás, que te escriba esta carta cuando vivimos a diez pasos el uno del otro, cuando nos vemos tres veces por día, por otra parte -dado que solamente soy tu mujer-, ¿qué es este romanticismo de escribir cartas nocturnas al marido? Mi amor, el mundo entero puede reír, pero tú no, tú naturalmente debes leer esta carta con gravedad, y con el corazón, con emoción, con esa misma emoción con la que leías mis cartas hace mucho -en Ginebra-, cuando todavía no era tu mujer. Porque la escribo con la misma emoción de entonces: como entonces, toda mi alma se arroja hacia ti, y mis ojos se llenan de lágrimas (probablemente te vas a reír de estas palabras: "¡porque ahora lloro por cualquier cosa!)."

Mi amado, ¿sabés por qué te escribo en lugar de decirte todo esto de viva voz? Porque no sé, no puedo hablarte tan libremente de estas cosas. En estos momentos estoy tan sensible y desconfiada como una liebre. Basta un gesto de tu parte o una palabra indiferente para que mi corazón se oprima, para que mis labios se cierren. No puedo hablarte francamente si no me siento rodeada de una atmósfera cálida y confiada, pero ¡esto es tan raro ahora entre nosotros! Así, hoy me sentí invadida por extraños sentimientos que habían suscitado en mí esos pocos días de sociedad y de reflexión; tenía tantos pensamientos para expresarte, pero estabas distraído, alegre, y encontrabas que lo "físico" te resulta inútil, es decir, todo lo que me preocupaba justamente en aquel momento. Eso me hizo tanto mal. Y creíste que yo estaba simplemente descontenta por tu rápida partida.

No me habría decidido -quizás- a escribirte esta carta ahora, si no me hubiera sentido animada por ese poco de sentimiento que me demostraste al dejarme; entonces sobre mí sentí el soplo del pasado, de ese pasado con cuyo recuerdo sofoco mis lágrimas sobre la almohada, cada noche, antes de dormirme. Mi querido, mi amado, estoy segura de que lees con mirada impaciente: "¿Qué es lo que quiere, al fin de cuentas?". ¿Es que acaso yo sé lo que quiero? Quiero amarte, quiero que reine entre nosotros esa atmósfera dulce, confiada, ideal, como era entonces. Tú, mi querido me comprendes a menudo de una manera simplista. Siempre crees que gruño porque te vas o algo parecido. Y no puedes concebir que lo que me daña profundamente es que nuestra relación es para ti algo estrictamente exterior. Oh, no digas, mi querido, que no comprendo, que no es exterior de la manera en que yo lo entiendo. Sé, comprendo lo que eso quiere decir, comprendo porque siento. Cuando, hace mucho, tú me lo decías, era un sonido hueco, para mí; ahora, una dura realidad. ¡Oh, siento perfectamente esa exterioridad: la siento cuando te veo, sombrío y taciturno, guardar para ti tus preocupaciones o tu pena, dándome a entender con la mirada: no es asunto tuyo, ocúpate de tus cosas; la siento cuando veo cómo, después de una pelea importante entre nosotros, rumias esas expresiones, examinas nuestras relaciones, arribas a conclusiones, tomas decisiones, te comportas conmigo de tal o cual manera, y yo me quedo afuera de todo eso y no puedo sino tentar en mi cerebro el qué y el cómo de tus pensamientos; la siento después de cada una de nuestras uniones, cuando me apartas y, encerrado en ti, te pones a trabajar; la siento, en fin, cuando mi pensamiento abarca mi vida entera, todo mi porvenir, que se presenta ante mi como un maniquí accionado por un mecanismo exterior. Mi querido, mi amado, no me quejo, no quiero nada, quiero solamente que comprendas, que no tomes mis llantos por escenas de comadre, ¿Acaso sé, por otra parte? Seguramente soy muy culpable, quizá la más culpable, si las relaciones entre nosotros no son calurosas y armoniosas. Pero qué puedo hacer, no sé, como, nunca logro culminar una situación, soy incapaz de sacar conclusiones, soy incapaz de atenerme contigo a una decisión determinada; a cada instante me comporto como me lo dictan mis impulsos; cuando en mi alma se acumulan mucho amor y sentimientos, me lanzo a tu cuello; cuando me hieres con tu frialdad, mi alma se desgarra y te odio; sería capaz de matarte. ¡Mi amor, sin embargo eres capaz de comprender y de analizar, siempre lo hiciste para ti y para mi en nuestras relaciones! ¿Por qué no lo quieres hacer ahora conmigo? ¿Por qué me dejas sola? ¡Ah, como te lo imploro"; pero tú, ¿ no es cierto?, cada día que pasa me parece que ya no amas tanto, verdaderamente, si, verdaderamente, siento esto muy a menudo.

Ahora ves en mí todo lo que es malo y feo. Sientes tan poco la necesidad de pasar tu tiempo conmigo. ¿Acaso sé, por otra parte, lo que me sugiere este pensamiento? Todo lo que sé, es que cuando reflexiono, cuando recorro toda la situación algo me dice, entonces, que serías ahora mucho más feliz sin esto, que habrías preferido huir a cualquier parte y desprenderte de toda esta historia. Oh, mi querido, comprendo eso muy bien, veo qué poca luz hay para ti en esta relación, cómo rispo tus nervios con estas escenas, con estas lágrimas, con estas naderías, también con esta falta de fe en tu amor. Lo sé, mi amor, y cuando lo pienso, quisiera de tal modo estar en otra parte, irme al diablo, o más, no existir del todo, tanto me duele cuando pienso que hice irrupción en tu vida, sobria, orgullosa, solitaria, con mis historias de comadre, con mis altibajos de humor, con mi torpeza y ¿por qué, para qué? Buen Dios, para qué hablar de ello; no vale la pena. Mi querido, ¿me preguntarás una vez más qué es lo que quiero? Nada, nada, mi querido, solamente quiero que sepas que no soy ni tan ciega ni tan insensible cuando te canso con mi persona, quiero que sepas que lloro a menudo y amargamente a causa de eso, y una vez más no sé, verdaderamente no sé qué hacer. A veces pienso que lo mejor sería que nos veamos lo menos posible, a veces me transporta un impulso y quiero olvidar todo, arrojarme en tus brazos y llorar, luego me vienen al espíritu pensamientos malditos y me susurran: "déjalo tranquilo, soporta todo eso por delicadeza"; y dos o tres naderías vienen a confirmar esos pensamientos, el odio me sube y quiero hacerte mal, herirte, mostrarte que no tengo necesidad de tu amor, que podría pasarme sin ti y de nuevo me atormento y me torturo y así todo recomienza otra vez.

"¡Cuántos dramas!", ¿no es verdad? "Triste. Siempre la misma cosa". Y yo tengo el sentimiento de no haberte dicho ni la décima parte y de no haberte dicho para nada lo que te quería decir.

"La lengua miente a la voz, y la voz a los pensamientos; El pensamiento surge vivo del alma, antes de quebrarse en las palabras". (Versos de "Los abuelos", del poeta polaco Adam Mickiewicz).

Hasta pronto, pues. Ya casi me arrepiento de haberte escrito. ¿No estarás enojado? ¿Quizás te rías? ¡Oh, no, no, no te rías!

"Pero tú, ¡oh, mi amada!, tú por lo menos, saluda al fantasma como antaño!" (Mickiewicz)

 

Berlín, 6 de mayo de 1899

¡Querido mío, mi amado! Te beso mil veces por tu carta, tan dulce, y por tu regalo que aún no he recibido. Qué pasa este año, es como si el cuerno de la abundancia se derramara sobre mí. ¡Imagínate que recibí de Schonlank los 14 tomos de Goethe en una encuadernación de lujo! ¡Con los tuyos, ya es agregar un nuevo estante a los dos que tengo! ¡Que feliz que estoy por su elección! Rodbertus es mi economista preferido y puedo leerlo cien veces seguidas para mi simple regocijo intelectual. En cuanto al diccionario de bolsillo, ¡ese regalo sobrepasa mis deseos más audaces! Me siento como si hubiera recibido no un libro sino una propiedad, una vez que todo esté reunido, tendremos una biblioteca linda y deberemos (cuando nos instalemos al fin humanamente los dos juntos), comprar una biblioteca con puertas de vidrio para guardar todos esos libros.

Querido mío, mi adorado, cómo me ha regocijado tu carta: la leí seis veces desde el comienzo hasta el fin. Entonces, ¡en verdad estás contento de mí! ¡Me escribes que quizá sólo en mi fuero interno sé que existe en algún sitio un hombre al que llamo querido mío y que me pertenece! ¿Acaso no sientes que todo lo que hago, lo hago siempre pensando únicamente en ti? Cuando escribo un artículo, mi primer pensamiento es que te va a alegrar, y cuando vivo jornadas en que dudo de mis propias fuerzas y no puedo trabajar, una sola idea me inquieta: qué efecto te producirá, si te voy a causar una decepción, si quedaré mal contigo. Cuando tengo pruebas de algún éxito, por ejemplo la carta de Kart Kautsky, entonces las considero simplemente como mi tributo moral hacia ti. Te doy mi palabra, por la salud de mi madre, que la carta de Kart Kaustsky personalmente me resulta indiferente: si me puse tan contenta fue sólo porque, después de haberla abierto, la leí con tus ojos y adiviné la alegría que te iba a causar. Espero impaciente tu respuesta sobre este tema. (Seguramente llegará mañana con los libros; la fiesta será doble). Una sola cosa falta para mi calma íntima: el arreglo exterior de tu vida y de nuestra relación. ¡Tú siente que pronto mi situación (moral) será tal que podremos vivir juntos abiertamente como marido y mujer! Tú mismo lo comprendes. Estoy feliz de que el asunto de tu ciudadanía por fin se encamine a término y que avances enérgicamente hacia el doctorado. Siento a través de tus últimas cartas que estás en muy buen estado de ánimo para trabajar; por otra parte, tus cartas durante la campaña con Schippel, cada día -literalmente- me han estimulado a pensar, y en la última había un pasaje entero que es la perla más hermosa de mis artículos (aquel sobre los efectos derivados de la superproducción para los obreros, que literalmente he deducido de tu carta).

¡Acaso crees que no veo y aprecio que, a la "señal de combate", acudes inmediatamente en mi ayuda y me empujas al trabajo, olvidando todas tus griterías y todos mis "desfallecimientos"! No puedes saber con qué alegría y con qué impaciencia espero tus cartas: sé que en ellas encontraré mi fuerza y mi alegría, un sostén y un consuelo.

Lo que más gusto me dio, es el pasaje donde escribes que todavía somos jóvenes, que sabremos arreglar nuestra vida personal. ¡Ah, mi amor dorado, cómo deseo que mantengas esta promesa!... Un alojamiento pequeño para nosotros, nuestros muebles, nuestra biblioteca; un trabajo calmo y regular, paseos los dos juntos, de tanto en tanto la ópera, un pequeño círculo de amigos que a vece se invita a cenar, cada verano un mes en el campo sin trabajar en nada... (Y también ¿quizá un pequeño, un bebito pequeño? ¿Es que nunca podremos? ¿Nunca? Querido, ¿sabes lo que me sucedió cuando paseaba por el Tiergarten? ¡Sin ninguna exageración! Un chiquillo de 3 ó 4 años, con un trajecito adorable, y muy rubio, se detuvo frente a mí y comenzó a mirarme. De pronto sentí unas ganas locas de secuestrar al niñito, de huir rápido hasta casa y de guardarlo ahí. ¡Ah, querido, ¿es que nunca tendré un bebé?

Nunca nos pelearemos en casa, ¿no es cierto? Es necesario que la calma y la paz reinen entre nosotros, como entre los demás. Sabes lo que me atormenta; me siento vieja y ya soy fea; la mujer que llevarás del brazo cuando vayas a pasearte por el Tiergarten, no será linda. Nos mantendremos a distancia de los alemanes. A pesar de las invitaciones de Karl Kautsky para la reintegración, eso es lo que me hago, para que sean ellos los que insistan y para que sientan que no me ocupo de ellos absolutamente.

¡Querido, si 1°) terminas con el asunto de la ciudadanía 2°) terminas el doctorado, 3°) te instalas conmigo abiertamente en un departamento nuestro donde trabajemos juntos, entonces todo irá entre nosotros idealmente! Ninguna pareja en el mundo tiene, como nosotros, tantas condiciones para ser feliz. Y si en ello ponemos nada más que un poco de buena voluntad, seremos, debemos ser felices. ¿No hemos sido tantas veces felices, desde que vivimos juntos un poco más de tiempo y trabajamos más por eso? ¿Recuerdas a Weggis? ¿Melide? ¿Bougy? ¿Bionay? ¿Recuerdas cómo el mundo entero nos es indiferente desde que nos entendemos entre nosotros? Por el contrario, temo la menor irrupción de algún extraño. ¿Recuerdas a Weggis la última vez, cuando yo escribía paso a paso (¡siempre pienso con orgullo en ella, qué órbita maestra!)? Estaba enferma, escribía en la cama y me enervaba, y tú eras tan dulce, tan bueno, tan tierno, me calmabas diciéndome con una voz que aún escucho: "vamos, tranquilízate, todo irá bien". Nunca lo olvidaré. ¿O te acuerdas, en Mélida, después del almuerzo? Te sentabas en el balcón, después del  café, ese café tan espeso, como un chico, sudando bajo ese horrible sol, y yo bajaba al jardín con mi cuaderno de Ciencia administrativa. ¿O te acuerdas del domingo cuando vinieron músicos al jardín, que no nos podíamos quedar y nos fuimos a pie hasta Maroggia, y cuando volvíamos, la luna salía sobre el San Salvatore? Nos preguntábamos justamente si yo debía partir para Alemania; nos quedamos en la ruta, abrazados en la oscuridad y mirábamos el cuarto creciente por sobre la montaña. Todavía siento el sabor de esa noche. ¿O te acuerdas cuando volvías por la noche, a las 8,20, de Lugano con las provisiones? Yo bajaba con la lámpara y juntos abríamos los paquetes, luego ponía sobre la mesa las naranjas, los quesos, el salame, la tarteleta envuelta en papel; ah, ves, nunca comimos una comida más suntuosa que entonces, sobre esa mesita, en la pieza vacía, frente al balcón abierto, mientras que el olor del jardín subía hasta nosotros; como un artista freías en la sartén, mientras que a lo lejos en la oscuridad, se oía el ruido del tren de Milán cruzando el puente...

¡Ah, querido mío, querido mío! ven rápido, nos esconderemos del mundo entero en dos piecesitas, trabajaremos solos, nosotros mismos nos cocinaremos y estaremos tan bien, tan bien...!

Mi amor querido, te rodeo con mis brazos y te beso mil veces; quisiera, como a menudo tengo ganas, que me lleves en tus brazos. Pero siempre me contestas que soy muy pesada.

Hoy no quiero escribir nada sobre los asuntos. Mañana, después de mi visita a los Kautsky, iré sin artículo, porque espero tu carta.

Te abrazo y te beso y quiero absolutamente que me tomes en tus brazos.

Tu Rosa

 

Berlín, 30 de abril de 1900

Querido:

En Zurich ya estábamos desde hacía años, espiritualmente alejados el uno del otro. Los dos últimos años de mi estada en Zurich quedaron grabados en mi memoria porque me sentía terriblemente sola. Has olvidado que últimamente me repetiste cien veces que yo no te comprendo y que te sientes absolutamente solo. Cuando me di cuenta de eso, comencé a creer que no existo para ti. Por supuesto, en 1893 reaccioné de otra manera. Pero después cambié. Era entonces una niña, hoy soy una persona adulta y madura, que sabe dominarse y está preparada, aun apretando los dientes de dolor, para no mostrar nada hacia fuera... Me preguntas si en lo sucesivo quiero vivir una vida espiritual en común. Mi respuesta es clara. Pero no olvides que la realización depende de ti.

R.

 

Berlín, 30 de abril de 1905

Querido:

He llorado hasta mortificarme los ojos y me acosté con ganas de no despertarme más. No respondí durante semanas a las cartas de papá y mamá a causa de mis preocupaciones "mundiales". Te he odiado porque tú me encadenaste a esta actividad maldita. Ayer estaba dispuesta a largar de un golpe esta maldita política, o más bien su parodia sangrienta, y a "silbar" sobre el mundo entero.

R

Esteban Valenti
2025-02-27T06:55:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es) y de Other News (www.other-news.info/noticias).